En mayor o menor medida, sabemos cómo es el proceso de curación de un jamón, y cómo se cuidan todas las piezas para que una vez salgan al mercado, estén todas en las condiciones óptimas para su consumo y con el mejor sabor. 

 

En ocasiones, hay gente que nos comenta que han adquirido la pieza sin curar o que se la ha vendido poco curada.  

Esperamos que nunca te hayas visto en esta situación, pero en el caso de que sea así, la primera recomendación que os hacemos es la de hablar con la persona que os la vendió y reclamar una devolución o cambio de pieza. 

 

Nosotros estamos tan seguros de que eso no ten ocurrirá con ninguna de nuestras piezas, ya que los controles de calidad a los que sometemos todas nuestras piezas, avalan su calidad. 

 

En el caso de que hayas encontrado en la situación de un vendedor con pocos escrúpulos y profesionalidad que te haya vendido un jamón en ese estado de conservación y no se haga cargo del cambio de pieza o devolución del importe, aún podemos salvar la pieza. 

 

Cómo mejorar un jamón poco curado 

 

Lo mejor que podemos hacer, ya os lo hemos comentado antes, es ponernos en contacto con el vendedor de la pieza y comentarle qué ha ocurrido con él. 

 

Por norma general, todos los artesanos que se dedican a este noble arte, no pondrán ningún tipo de inconveniente, ya sea en la devolución del dinero pagado por él, o cambiando por otra pieza. 

 

En el caso de no poder devolverlo o que nos reembolsen la cantidad pagada y nos permitan quedarnos con la pieza, podemos intentar mejorar el estado de la misma para que algo podamos aprovechar de la misma. 

 

Una pieza de jamón, no es como una un chorizo o un salchichón, que podemos dejarlo secando un poco más de tiempo si aún no se ha curado del todo, o está todavía muy tierno. 

 

El jamón tiene un proceso de secado distinto al del resto de productos ibéricos, no se trata de colgar la pata en un sitio donde no reciba luz y no haya humedad, sino que debe seguir unos pasos concretos y específicos durante unos tiempos concretos para llegar a ese estado óptimo que a todos nos gusta tanto. 

 

Si abrimos un jamón y nos lo encontramos poco curado, puede ser un referente de la calidad del jamón, indicándonos la baja calidad de la pieza, algo que en Mencas no nos permitimos. 

 

También existen personas a las que la carne del jamón le gusta menos curada, sin embargo, otras personas lo prefieren más curado de lo que normalmente están. Cada uno tiene sus preferencias, al igual que la elección de cómo queremos la carne al cocinarla. 

 

Lo que en Mencas tenemos muy claro, es que, si no está dentro de los estándares que tenemos establecidos en cuanto a calidad de la pieza, no saldrá a ninguna de nuestras tiendas. 

 

Eso sí, la curación de un jamón no es una ciencia exacta, todo depende de las personas encargadas de cada uno de sus procesos, y en su parte final, de la persona que se encarga de la cala del jamón, que será quien dé el visto bueno a la salida del jamón. 

 

Estamos tan seguros de que nuestros jamones están todos en su punto óptimo para el consumo, que disponemos de una garantía de devolución en el caso de que cualquier error se pueda haber cometido. Por eso, una vez que se detecta el fallo, entra en juego esa garantía de devolución, ya sea en la tienda on-line, o en cualquiera de nuestros establecimientos. Con esto queremos dar a todos nuestros clientes una total tranquilidad. 

 

Proceso de curación de un jamón 

 

El proceso de curación de un jamón se lleva a cabo a través de diferentes etapas, cada cual, con unos tiempos establecidos por los maestros jamoneros, que cuentan con una gran experiencia, y basándose siempre en las técnicas heredadas de una de las más antiguas tradiciones. 

 

Intentar curar un jamón en casa, sin medios apropiados, o sin poder aplicar los procesos básicos en las condiciones óptimas, pueden provocar que se pierda una pieza que seguramente sea de una gran calidad, pero su mal cuidado puede provocar que la tengamos que desechar. 

 

Los pasos que se deben seguir a la hora de curar un jamón, son: 

 

  • El primer paso sería preparar la pieza para que esté lista para su secado. Una vez despiezada, pelada y limpia, hay que dejarla reposar y masajear la carne. ¿Te imaginas dando un masaje al jamón? Aunque parezca que no, es fundamental, para eliminar los resto que pueda contener de sangre y que puedan echar a perder la pieza. 

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  • El siguiente paso, una vez que estamos seguros que todos los restos de sangre se han expulsado, pasamos a salar la pieza. Para ello, lo enterraremos en sal, de este modo, conseguiremos eliminar toda el agua y humedad que tenga la pieza, y así evitar que las bacterias que están en la carne, pueden estropearlo. De este modo, conseguiremos reforzar el sabor. Dependiendo del sabor que se le quiera dar, y el peso de la pieza, deberá estar más o menos tiempo enterrado. Por norma general, se estipula que serán unas 12 horas por cada kilo de peso del jamón. 

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  • En este punto, es cuando vamos a colgar el jamón, donde permanecerá aproximadamente seis meses, permitiendo a la grasa que se vaya infiltrando en las fibras musculares. A partir de este momento, hay que tener muy controlada la temperatura, que será más alta respecto a los puntos anteriores, y modificando el porcentaje de humedad, según como vayamos viendo cómo se va curando la pieza. 

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  • De aquí pasamos al último punto, que será el de maduración o envejecimiento. Aquí tendremos que vigilar que el jamón se vaya curando por todos lados del mismo modo, es decir, de la forma más homogénea posible. Para ello tendremos que engrasar la pieza, según lo vaya necesitando, o bien con manteca, o bien con aceite de girasol. De este modo lo engrasaremos sin influir en su sabor. Este proceso llevará desde los seis, hasta los treinta meses. 

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¿Sabes si el jamón ya está curado? 

 

Para saber en qué puntos se encuentra la curación de un jamón, tenemos a una persona encargada de verificar el estado de cada una de ellas. Es la figura del calador. 

 

Esta persona se encarga, gracias a un olfato perfectamente entrenado de verificar el proceso de curado.  

 

El calador introducirá la cala en tres puntos diferentes de la pata para poder examinar mejor el aroma que desprende. Una vez calado, se tapan las pequeñas incisiones con un poco de manteca, para evitar que se contamine la pieza.

   

Si el olor es un poco desagradable, hace pensar que la pieza no se ha curado bien o está en mal estado y, por lo tanto, lo mejor sería desecharla. 

 

Si todo está correcto, entonces es cuando se preparará para su traslado a nuestros establecimientos, o enviarlo a vuestro hogar. 

 

¡¡Recuerda que esto mismo se aplica para todas nuestras paletas!! 

 

¿Te apetece comprobar la calidad de nuestros productos? Pásate por aquí, y comprueba su calidad.